¿Cuáles son los requisitos para que se pueda dar un proceso de internacionalización?

Los procesos de internacionalización son muy comunes hoy en día en el marco de una economía digital y globalizada. Por de pronto, y más allá del deseo de expandirse, se da la circunstancia de que incluso la venta online (por supuesto la presencial) requiere del establecimiento de una estructura en el páis en el que se pretenden vender productos (marketing, postventa, aspectos fiscales y gestión de elementos regulatorios y normativos en su caso). Dicho lo cual, y grosso modo, ¿cuáles son los pasos o fases en la internacionalización de una empresa o unidad de negocio?, seguramente no sean los que se tienen en cuenta de una manera más intuitiva y lógica, así que vamos a identificarlos y a verlos de manera somera.

Vender, prestar servicios o establecerse en general fuera del país en el que vivimos conlleva enfrentarse a una diferente manera de entender los negocios y las relaciones entre personas, más allá de las cuestiones técnicas, financieras o legales. Lo que damos por sentado en el país de origen no tiene, evidentemente, por qué ser así allí donde queremos implantarnos. Por lo tanto, expandirse no deja de ser una aventura que requiere, por encima de todo (y al margen de los tan manidos e imprescindibles planes de negocio), adaptación. En primer lugar y por tanto no se aventure a vender fuera si no está dispuesto a entender que allá donde vaya el extraño es Vd., y contemple simpre la posibilidad de asociarse con profesionales locales que conozcan el mercado y las interioridades del día a día empresarial en el lugar que corresponda. A su vez, los pormenores geopolíticos (establidad no solo de país sino también de la región) y los de política interna son de vital importancia, y su no consideración pueden echar por tierra cualquier inversión. La elección de un buen asesor se erige igualmente en un elemento relevante a la hora de expandir una empresa o unidad de negocio, y no solo el local, sino también uno de confianza, de la misma nacionalidad que la suya, acostumbrado a lidiar con normativas de diferentes países vía Derecho comparado, que sepa hacer algo indispensable como lo es el saber realizar las preguntas adecuadas (lo que, siendo crítico, suele no tenerse en cuenta y valora bien poco), y canalizar el asesoramiento recibido por el asesor local. Contar con una apoyo externo que hable el mismo lenguaje que quien le va a asesorar en destino, es una decisión que ahorra tiempo y por lo tanto costes.

Lo demás es algo intuitivo, algo que todo gestor que decide internacionalizar su negocio sabe, en el entendido de que Vd. ya conoce su empresa, ya ha sido capaz de hecho de implantarla y por lo tanto de tener éxito y pasar ése primer filtro tan difícil, conoce su producto o servicio y se ha erigido en un gran vendedor o profesional. Estas cuestiones son más objetivas y uniformes con independencia del país al que vaya y una transacción no deja de ser una transacción. Un profesional que decide expandirse no necesita que le digan lo que tiene que hacer, pero sí un apoyo que le guíe en una serie de cuestiones, de corte contractual, cultural y normativo, que apuntale precisamente todo ése know how que le ha permitido tener éxito y aventurarse fure de lugar de origen.

 

 

 

 

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